viernes, 23 de octubre de 2009

Príncipe Felipe: «Los mayores logros nacen de las más grandes dificultades»


El Príncipe de Asturias entregó los premios que llevan su nombre y llamó a «trabajar codo con codo y hombro con hombro, con espíritu constructivo» en la lucha contra el paro

«Los mayores logros nacen de las más grandes dificultades»

MANUEL DE LA FUENTE
ABC

Hierven en el lar, a fuego lento, a fuego secular, las fabes en el puchero. Tierra son, tierra somos, y en tierra nos convertiremos. Hierven en el Teatro Campoamor de Oviedo las palabras y las promesas, las preocupaciones presentes, las esperanzas futuras, avivado el fuego de la cultura y de la ciencia, del deporte y la concordia, por la presencia en la vieja y casi siempre lloviznosa Vetusta de algunas de las personas que hacen que este viejo mundo no se pare, y mire otra vez hacia el futuro, aunque el presente nos muestre sus colmillos últimamente muy afilados. Hierve el alma de los ovetenses que esperan a su Príncipe, Don Felipe, a su princesa de ensueño, Doña Letizia, les esperan con la ilusión de cada año, aunque en la cabeza les hiervan las hipotecas y en la piel les crezca el sarpullido de la crisis. No estamos en Houston, pero tenemos un problema. Muchos. Más de cuatro millones.

En Oviedo, en el Campoamor, el Príncipe también echa pie a tierra y en la parte central de su discurso, tras recordar a Sabino Fernández Campo, la palabra es demanda, pero también es consuelo: «El paro hiere nuestra dignidad, es nuestra principal preocupación. Exige que los Estados faciliten a quienes se encuentran en esa situación la necesaria protección social, al tiempo que poner en marcha todos los medios precisos para que los desempleados puedan reincorporarse cuanto antes a la vida laboral. Necesitamos nuevas bases para crecer y generar empleo».

Con él y nuestros Reyes a la cabeza, hay que mirar hacia adelante, porque nuestra historia nos ha enseñado, siguió Don Felipe, «que las mayores esperanzas y también los mayores logros nacen de las más grandes dificultades. España ha demostrado con creces en las últimas décadas cómo superar de forma ejemplar múltiples retos y tengo plena confianza en la capacidad que tenemos los españoles para construir un futuro más sólido y equitativo, de prosperidad y bienestar».

Por supuesto eso exige, como subrayó el Príncipe de Asturias, «llevar a cabo una reflexión colectiva, sincera y profunda, sobre nuestros desafíos y prioridades, nuestras fortalezas y nuestras debilidades. Apoyémonos en los valores imperecederos del esfuerzo y el sacrificio, la tolerancia y el respeto mutuo; el saber y la cultura; el compromiso solidario». Y aquí no valen personalismos, ni localismos, tal como subrayó Su Alteza Real: «Trabajemos cohesionados, codo con codo y hombro con hombro, con espíritu constructivo, con confianza e ilusión. Y forjaremos así una esperanzadora voluntad compartida en la que prevalezca la generosidad, el sentido de la responsabilidad y por encima de todo, el interés general. Es lo que los españoles demandan y lo que juntos, sin duda, conseguiremos».

«La humildad siempre antecede a la gloria»En este camino, sabedores de que «las obras buenas nunca acaban», como sabiamente nos advirtió Unamuno (recordó Don Felipe) y con «nuestra creencia en que la cultura es fiel reflejo de la formación intelectual, estética y moral del ser humano» nos acompañan arquitectos de los sueños como Norman Foster (creador de «una arquitectura poética y moderna, libre y transparente», destacó el Príncipe de Asturias); nos quedan organizaciones nacidas del consenso mundial, como la OMS, «en la que descansa una parte tan importante de la salud pública de todos los pueblos de la Tierra»; y paladines de la vida natural («Gracias a ti, David Attenborough, cada día somos más conscientes de la necesidad de preservar el medio ambiente»); tenemos a quienes nos muestren el camino del futuro como la Universidad Nacional Autónoma de México y su pasión «por el conocimiento y el amor a la enseñanza en libertad»; nos quedan por mandar muchos mails y sms que digan que hay esperanza, pásalo, para no sentirnos prehistóricamente solos, nos quedan Martin Cooper y Raymond Tomlinson, padres de «la comunicación fluida y en libertad»; nos queda la voz incorruptible de Kadaré, y su «canto incesante a la tolerancia y a la libertad»; y sabemos de gente, como Yelena Isinbayeva que nos recuerda que el hombre puede volar, «cuando se tiene una voluntad férrea y un valeroso espíritu de superación». Y tenemos el ejemplo de ciudades como Berlín que «hoy celebra aquella fuerza imparable, hecha de esperanza y de valor, de perdón y de concordia, que consiguió abatir el Muro». Nos queda con el corazón en un puño, pero repleto de fe y de esperanza recordar, como hizo Don Felipe «aquel proverbio bíblico de que la humildad siempre antecede a la gloria». Que así sea, y Oviedo y España lo sigan viendo.

Crónica oficial de la Casa Real

Discurso de SAR el Príncipe de Asturias

Álbum fotográfico

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