lunes, 30 de junio de 2014

Los Reyes de España recibidos por el Papa Francisco

Felipe VI se despide del Papa Francisco  «con la esperanza de verle en España»

ABC

El Papa Francisco recibió este lunes a los Reyes de España con una cordial bienvenida, en la que no faltaron las bromas, y Felipe VI se despidió del Pontífice «con la esperanza de verle en España», tras explicarle que el relevo en la Corona ha sido «muy intenso», pero lo ha vivido «tranquilo».

Antes de entrar en la biblioteca privada del Papa para esta reunión, que duró unos 40 minutos, Don Felipe se dirigió al papa para preguntarle, sonriente, «¿Los monaguillos delante?», en alusión a la reciente visita al Vaticano de los reyes Juan Carlos y Sofía, cuando el Pontífice, con esta expresión, les invitó a pasar antes que él. «Así es, ¿se lo contó su padre?», contestó, divertido, el Papa, antes de ceder el paso a Felipe VI y Doña Letizia.

Para esta audiencia con el Papa, Don Felipe acudió a la Santa Sede con traje y corbata azul oscuro, mientras que Doña Letizia vestía un traje de chaqueta blanco -color reservado en estas ocasiones a las reinas católicas- y no llevaba mantilla.

Los Reyes de España, Felipe VI y Doña Letizia, llegaron este lunes al Vaticano, en su primera visita oficial al extranjero,

Era previsible que Felipe VI y Doña Letizia trataran la invitación trasladada en su día al Pontífice por los obispos españoles, para que visite España el año próximo con ocasión del quinto centenario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús, una posibilidad que también fue abordada durante la audiencia que ofreció el pasado 28 de abril a los Reyes Juan Carlos y Sofía.

Don Felipe y Doña Letizia, que viajan acompañados por el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, fueron recibidos por un piquete de honor de la Guardia Suiza en el Patio de San Damaso, donde salió a darles la bienvenida al arzobispo Georg Gaenswein, prefecto de la Casa Pontificia.

Tras la audiencia con el Papa, que se celebrará en la biblioteca privada del Pontífice, mantendrán un encuentro con el secretario de Estado vaticano, el cardenal Pietro Parolin, al que asistirán García-Margallo; el subsecretario del ministerio español de Asuntos Exteriores, Cristóbal Gonzçalez Aller; el jefe de la Casa del Rey, Jaime Alfonsín, y el consejero diplomático de la Casa, Alfonso Sanz.

Don Felipe y Doña Letizia llegaron esta mañana en un avión de la Fuerza Aérea Española que aterrizó en el aeropuerto militar de Ciampino, donde fueron recibidos por los embajadores de España en Roma, Javier Elorza, y en la Santa Sede, Eduardo Gutiérrez, así como por dos altos funcionarios de la Secretaría de Estado vaticana, Fernando Chica y José Avelino Bettancourt.

El Papa Francisco conoció a los actuales reyes de España el 19 de marzo de 2013, cuando encabezaron, como Príncipes de Asturias, la delegación española que asistió el 19 de marzo a la misa solemne de inicio de su pontificado.

Don Felipe y doña Letizia fueron recibidos juntos por primera vez en audiencia en el Vaticano por Juan Pablo II, en junio de 2004, unos días después de su enlace matrimonial en la catedral madrileña de la Almudena, y el 1 de mayo de 2011 encabezaron la delegación española asistente a la misa de beatificación de este Papa bajo el pontificado de Benedicto XVI.

viernes, 27 de junio de 2014

Felipe VI apela al "respeto y la convivencia" en su primera visita a Catalunya como Rey

La Vanguardia

El rey Felipe VI ha querido transmitir este jueves un mensaje de
"respeto, entendimiento y convivencia" en su primera visita a
Catalunya como Jefe del Estado -primera visita del nuevo monarca a una
comunidad autónoma- con motivo de su presencia en Girona por la
entrega de los Premios Fundación Príncipe de Girona. En un discurso
bilingüe que ha iniciado y concluido en catalán, don Felipe ha querido
recordar sus numerosas visitas en calidad de Príncipe a la ciudad
catalana, especialmente habituales desde la creación en 2009 de la
fundación.

"Estas visitas nos han permitido conocer y entender mejor la realidad
de Catalunya, el sentir y el pensar de los catalanes", ha asegurado el
Rey, al tiempo que "apreciar con mayor precisión y estima tanto lo que
compartimos todos los españoles como lo que disfruta particularmente
del sello distintivo de esta tierra de su gente".

Felipe VI ha señalado como "cualidades que han caracterizado a los
catalanes a lo largo de la historia", el "amor a su tierra y en
especial a la lengua y la cultura que los caracteriza", así "el
sentido emprendedor, la capacidad de iniciativa, el espíritu reflexivo
y crítico o la mirada hacia el exterior". El Rey también ha subrayado
que sus visitas a Catalunya -también las que hizo como Príncipe-
tienen como objetivo "hacer más presente a la Corona en esta tierra",
con el fin de "transmitir mensajes de respeto, entendiemiento y
convivencia" como "consustanciales a nuestra Monarquía Parlamentaria".

En otro momento de su alocución, el Rey ha dicho haber sido un "honor"
haber ostentado y utilizado el título de Príncipe de Girona y ha
añadido que también lo es para su hija, la Princesa Leonor. "Pese a su
corta edad", ha apostillado. Asisismo, también ha tenido palabras de
agradecimiento por la labor de la Fundación, a la que ha prometido el
apoyo renovado de la Corona, y que trabaja, ha dicho, "en favor de un
proyecto que une, que suma fuerzas y que nos ayuda a conocernos mejor
y a apreciarnos más".

El monarca ha concluido sus palabras con un elogio a la lengua
catalana como parte de la riqueza del "patrimonio cultural de toda
España". "Una lengua, el catalán, que en diálogo y convivencia
permanente, sincera y enriquecedora con el castellano, es un elemento
sin en cual no es posible comprender la cultura de esta tierra".

Felipe VI y la Reina Letizia han entregado los premios junto al
ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz; el alcalde de Girona,
Carles Puigdemont, y el portavoz del Govern, Francesc Homs.

En esta edición, han sido galardonados el pintor Hugo Fontela en la
categoría de Artes y Letras, el empresario biosanitario Ignasi Belda
en la de Empresa, los investigadores Alberto Enciso y Rui Miguel dos
Santos en la de Investigación Científica y Mohamed el Amrani en el
apartado Social, así como la institución Valnalón.

miércoles, 25 de junio de 2014

Acto de salutación de las FF.AA y Guardia Civil al Rey



ABC

Felipe VI ha destacado este miércoles el «ejemplo de abnegación y superación» que representan las Fuerzas Armadas, «fiel reflejo de una España moderna, eficaz y solidaria», a pesar de que ha reconocido que es consciente de las dificultades por las que atraviesan los militares debido a la crisis. «Tenemos unas Fuerzas Armadas modernas y equilibradas, adecuadas a la importancia de nuestro país en el ámbito internacional», ha destacado.

Don Felipe ha puesto en valor el esfuerzo para «ajustar a fondo» los recursos disponibles para ser más eficientes en las operaciones. «No dudéis que con ello estáis dando, una vez más, ejemplo de abnegación y superación, mostrando a la sociedad la permanente vigencia de los valores de la milicia», ha comentado durante el acto de salutación de las Fuerzas Armadas y la Guardia Civil al monarca.

El acto, en el que también ha participado la Reina, se ha celebrado en la Plaza de la Armería del Palacio Real y ha sido seguido por un centenar de personas que han aplaudido repetidas veces, tanto después de que se interpretara el himno nacional por la banda de la Guardia Real, como, sobre todo, después de que el Rey terminara de pasar revista a las compañías que han participado en este acto de salutación. De esta forma, el público presente en la escalinata de la catedral de la Almudena ha agradecido el gesto del Monarca de dirigirse brevemente a ellos para saludarles con la mano.

Don Felipe, con uniforme militar, ha destacado la «grandeza de la profesión militar» y ha agradecido en nombre suyo y de su padre, el Rey Don Juan Carlos, el compromiso de servicio a España de las Fuerzas Armadas. En su discurso, ha reconocido hitos como la incorporación de la mujer a los ejércitos o las misiones internacionales, teniendo unas palabras de reconocimiento para los militares actualmente desplegados en el exterior y para todos los que dieron su vida en el cumplimiento de su deber.

El Monarca ha subrayado que las Fuerzas Armadas son consideradas como un aliado comprometido y fiable gracias a su «sacrificio». «Un instrumento fundamental —ha añadido— de nuestra política exterior, y ejemplo de entrega y dedicación al servicio de nuestra sociedad que, con toda justicia, os reconoce como una de las instituciones mejor valoradas».

Al Rey le ha precedido en el uso de la palabra el ministro de Defensa, Pedro Morenés, quien se ha dirigido a don Felipe como «el primer soldado y marino de España». El ministro ha explicado que el acto de este miércoles es una muestra de «lealtad y subordinación» de las Fuerzas Armadas a su figura, en calidad de «mando supremo», y como «símbolo de la unidad y permanencia del Estado, además de depositario de una larga tradición española».

El acto de este miércoles representa el primero en el que Don Felipe y Doña Letizia se reúnen con la institución militar desde la proclamación del pasado 19 de junio.

domingo, 22 de junio de 2014

Discurso íntegro de Felipe VI tras la proclamación

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«Comparezco hoy ante Las Cortes Generales para pronunciar el juramento previsto en nuestra Constitución y ser proclamado Rey de España. Cumplido ese deber constitucional, quiero expresar el reconocimiento y el respeto de la Corona a estas Cámaras, depositarias de la soberanía nacional. Y permítanme que me dirija a sus señorías y desde aquí, en un día como hoy, al conjunto de los españoles.

Inicio mi reinado con una profunda emoción por el honor que supone asumir la Corona, consciente de la responsabilidad que comporta y con la mayor esperanza en el futuro de España.

Una nación forjada a lo largo de siglos de Historia por el trabajo compartido de millones de personas de todos los lugares de nuestro territorio y sin cuya participación no puede entenderse el curso de la Humanidad.

Una gran nación, Señorías, en la que creo, a la que quiero y a la que admiro; y a cuyo destino me he sentido unido toda mi vida, como Príncipe Heredero y -hoy ya- como Rey de España.

Ante sus Señorías y ante todos los españoles -también con una gran emoción- quiero rendir un homenaje de gratitud y respeto hacia mi padre, el Rey Juan Carlos I. Un reinado excepcional pasa hoy a formar parte de nuestra historia con un legado político extraordinario. Hace casi 40 años, desde esta tribuna, mi padre manifestó que quería ser Rey de todos los españoles. Y lo ha sido. Apeló a los valores defendidos por mi abuelo el Conde Barcelona y nos convocó a un gran proyecto de concordia nacional que ha dado lugar a los mejores años de nuestra historia contemporánea.

En la persona del Rey Juan Carlos rendimos hoy el agradecimiento que merece una generación de ciudadanos que abrió camino a la democracia, al entendimiento entre los españoles y a su convivencia en libertad. Esa generación, bajo su liderazgo y con el impulso protagonista del pueblo español, construyó los cimientos de un edificio político que logró superar diferencias que parecían insalvables, conseguir la reconciliación de los españoles, reconocer a España en su pluralidad y recuperar para nuestra Nación su lugar en el mundo.

Y me permitirán también, Señorías, que agradezca a mi madre, la Reina Sofía, toda una vida de trabajo impecable al servicio de los españoles. Su dedicación y lealtad al Rey Juan Carlos, su dignidad y sentido de la responsabilidad, son un ejemplo que merece un emocionado tributo de gratitud que hoy -como hijo y como Rey- quiero dedicarle. Juntos, los Reyes Juan Carlos y Sofía, desde hace más de 50 años, se han entregado a España. Espero que podamos seguir contando muchos años con su apoyo, su experiencia y su cariño.

A lo largo de mi vida como Príncipe de Asturias, de Girona y de Viana, mi fidelidad a la Constitución ha sido permanente, como irrenunciable ha sido -y es- mi compromiso con los valores en los que descansa nuestra convivencia democrática. Así fui educado desde niño en mi familia, al igual que por mis maestros y profesores. A todos ellos les debo mucho y se lo agradezco ahora y siempre. Y en esos mismos valores de libertad, de responsabilidad, de solidaridad y de tolerancia, la Reina y yo educamos a nuestras hijas, la Princesa de Asturias y la Infanta Sofía.

Señoras y Señores Diputados y Senadores,

Hoy puedo afirmar ante estas Cámaras -y lo celebro- que comienza el reinado de un Rey constitucional. Un Rey que accede a la primera magistratura del Estado de acuerdo con una Constitución que fue refrendada por los españoles y que es nuestra norma suprema desde hace ya más de 35 años.

Un Rey que debe atenerse al ejercicio de las funciones que constitucionalmente le han sido encomendadas y, por ello, ser símbolo de la unidad y permanencia del Estado, asumir su más alta representación y arbitrar y moderar el funcionamiento regular de las instituciones.

Un Rey, en fin, que ha de respetar también el principio de separación de poderes y, por tanto, cumplir las leyes aprobadas por las Cortes Generales, colaborar con el Gobierno de la Nación -a quien corresponde la dirección de la política nacional- y respetar en todo momento la independencia del Poder Judicial.

No tengan dudas, Señorías, de que sabré hacer honor al juramento que acabo de pronunciar; y de que, en el desempeño de mis responsabilidades, encontrarán en mí a un Jefe del Estado leal y dispuesto a escuchar, a comprender, a advertir y a aconsejar; y también a defender siempre los intereses generales.

Y permítanme añadir, que a la celebración de este acto de tanta trascendencia histórica, pero también de normalidad constitucional, se une mi convicción personal de que la Monarquía Parlamentaria puede y debe seguir prestando un servicio fundamental a España.

La independencia de la Corona, su neutralidad política y su vocación integradora ante las diferentes opciones ideológicas, le permiten contribuir a la estabilidad de nuestro sistema político, facilitar el equilibrio con los demás órganos constitucionales y territoriales, favorecer el ordenado funcionamiento del Estado y ser cauce para la cohesión entre los españoles. Todos ellos, valores políticos esenciales para la convivencia, para la organización y desarrollo de nuestra vida colectiva.

Pero las exigencias de la Corona no se agotan en el cumplimiento de sus funciones constitucionales. He sido consciente, desde siempre, de que la Monarquía Parlamentaria debe estar abierta y comprometida con la sociedad a la que sirve; ha de ser una fiel y leal intérprete de las aspiraciones y esperanzas de los ciudadanos, y debe compartir -y sentir como propios- sus éxitos y sus fracasos.

La Corona debe buscar la cercanía con los ciudadanos, saber ganarse continuamente su aprecio, su respeto y su confianza; y para ello, velar por la dignidad de la institución, preservar su prestigio y observar una conducta íntegra, honesta y transparente, como corresponde a su función institucional y a su responsabilidad social. Porque, sólo de esa manera, se hará acreedora de la autoridad moral necesaria para el ejercicio de sus funciones. Hoy, más que nunca, los ciudadanos demandan con toda razón que los principios morales y éticos inspiren -y la ejemplaridad presida- nuestra vida pública. Y el Rey, a la cabeza del Estado, tiene que ser no sólo un referente sino también un servidor de esa justa y legítima exigencia de los ciudadanos.

Éstas son, Señorías, mis convicciones sobre la Corona que, desde hoy, encarno: una Monarquía renovada para un tiempo nuevo. Y afronto mi tarea con energía, con ilusión y con el espíritu abierto y renovador que inspira a los hombres y mujeres de mi generación.

Señoras y Señores Diputados y Senadores,

Hoy es un día en el que, si tuviéramos que mirar hacia el pasado, me gustaría que lo hiciéramos sin nostalgia, pero con un gran respeto hacia nuestra historia; con espíritu de superación de lo que nos ha separado o dividido; para así recordar y celebrar todo lo que nos une y nos da fuerza y solidez hacia el futuro.

En esa mirada deben estar siempre presentes, con un inmenso respeto también, todos aquellos que, víctimas de la violencia terrorista, perdieron su vida o sufrieron por defender nuestra libertad. Su recuerdo permanecerá en nuestra memoria y en nuestro corazón. Y la victoria del Estado de Derecho, junto a nuestro mayor afecto, será el mejor reconocimiento a la dignidad que merecen.

Y mirando a nuestra situación actual, Señorías, quiero también transmitir mi cercanía y solidaridad a todos aquellos ciudadanos a los que el rigor de la crisis económica ha golpeado duramente hasta verse heridos en su dignidad como personas. Tenemos con ellos el deber moral de trabajar para revertir esta situación y el deber ciudadano de ofrecer protección a las personas y a las familias más vulnerables. Y tenemos también la obligación de transmitir un mensaje de esperanza -especialmente a los más jóvenes- de que la solución de sus problemas y en particular la obtención de un empleo, sea una prioridad para la sociedad y para el Estado. Sé que todas sus Señorías comparten estas preocupaciones y estos objetivos.

Pero sobre todo, Señorías, hoy es un día en el que me gustaría que miráramos hacia adelante, hacia el futuro; hacia la España renovada que debemos seguir construyendo todos juntos al comenzar este nuevo reinado.

A lo largo de estos últimos años -y no sin dificultades- hemos convivido en democracia, superando finalmente tiempos de tragedia, de silencio y oscuridad. Preservar los principios e ideales en los que se ha basado esa convivencia y a los que me he referido antes, no sólo es un acto de justicia con las generaciones que nos han precedido, sino una fuente de inspiración y ejemplo en todo momento para nuestra vida pública. Y garantizar la convivencia en paz y en libertad de los españoles es y será siempre una responsabilidad ineludible de todos los poderes públicos.

Los hombres y mujeres de mi generación somos herederos de ese gran éxito colectivo admirado por todo el mundo y del que nos sentimos tan orgullosos. A nosotros nos corresponde saber transmitirlo a las generaciones más jóvenes.

Pero también es un deber que tenemos con ellas -y con nosotros mismos-, mejorar ese valioso legado, y acrecentar el patrimonio colectivo de libertades y derechos que tanto nos ha costado conseguir. Porque todo tiempo político tiene sus propios retos; porque toda obra política -como toda obra humana- es siempre una tarea inacabada.

Los españoles y especialmente los hombres y mujeres de mi generación, Señorías, aspiramos a revitalizar nuestras instituciones, a reafirmar, en nuestras acciones, la primacía de los intereses generales y a fortalecer nuestra cultura democrática.

Aspiramos a una España en la que se puedan alcanzar acuerdos entre las fuerzas políticas sobre las materias y en los momentos en que así lo aconseje el interés general.

Queremos que los ciudadanos y sus preocupaciones sean el eje de la acción política, pues son ellos quienes con su esfuerzo, trabajo y sacrificio engrandecen nuestro Estado y dan sentido a las instituciones que lo integran.

Deseamos una España en la que los ciudadanos recuperen y mantengan la confianza en sus instituciones y una sociedad basada en el civismo y en la tolerancia, en la honestidad y en el rigor, siempre con una mentalidad abierta y constructiva y con un espíritu solidario.

Y deseamos, en fin, una España en la que no se rompan nunca los puentes del entendimiento, que es uno de los principios inspiradores de nuestro espíritu constitucional.

En ese marco de esperanza quiero reafirmar, como Rey, mi fe en la unidad de España, de la que la Corona es símbolo. Unidad que no es uniformidad, Señorías, desde que en 1978 la Constitución reconoció nuestra diversidad como una característica que define nuestra propia identidad, al proclamar su voluntad de proteger a todos los pueblos de España, sus culturas y tradiciones, lenguas e instituciones. Una diversidad que nace de nuestra historia, nos engrandece y nos debe fortalecer.

En España han convivido históricamente tradiciones y culturas diversas con las que de continuo se han enriquecido todos sus pueblos. Y esa suma, esa interrelación entre culturas y tradiciones tiene su mejor expresión en el concierto de las lenguas. Junto al castellano, lengua oficial del Estado, las otras lenguas de España forman un patrimonio común que, tal y como establece la Constitución, debe ser objeto de especial respeto y protección; pues las lenguas constituyen las vías naturales de acceso al conocimiento de los pueblos y son a la vez los puentes para el diálogo de todos los españoles. Así lo han considerado y reclamado escritores tan señeros como Antonio Machado, Espriu, Aresti o Castelao.

En esa España, unida y diversa, basada en la igualdad de los españoles, en la solidaridad entre sus pueblos y en el respeto a la ley, cabemos todos; caben todos los sentimientos y sensibilidades, caben las distintas formas de sentirse español. Porque los sentimientos, más aún en los tiempos de la construcción europea, no deben nunca enfrentar, dividir o excluir, sino comprender y respetar, convivir y compartir.

Y esa convivencia, la debemos revitalizar cada día, con el ejercicio individual y colectivo del respeto mutuo y el aprecio por los logros recíprocos. Debemos hacerlo con el afecto sincero, con la amistad y los vínculos de hermandad y fraternidad que son indispensables para alimentar las ilusiones colectivas.

Trabajemos todos juntos, Señorías, cada uno con su propia personalidad y enriqueciendo la colectiva; hagámoslo con lealtad, en torno a los nuevos objetivos comunes que nos plantea el siglo XXI. Porque una nación no es sólo su historia, es también un proyecto integrador, sentido y compartido por todos, que mire hacia el futuro.

Un nuevo siglo, Señorías, que ha nacido bajo el signo del cambio y la transformación y que nos sitúa en una realidad bien distinta de la del siglo XX.

Todos somos conscientes de que estamos asistiendo a profundas transformaciones en nuestras vidas que nos alejan de la forma tradicional de ver el mundo y de situarnos en él. Y que, al tiempo que dan lugar a inquietud, incertidumbre o temor en los ciudadanos, abren también nuevas oportunidades de progreso.

Afrontar todos estos retos y dar respuestas a los nuevos desafíos que afectan a nuestra convivencia, requiere el concurso de todos: de los poderes públicos, a los que corresponde liderar y definir nuestros grandes objetivos nacionales; pero también de los ciudadanos, de su impulso, su convicción y su participación activa.

Es una tarea que demanda un profundo cambio de muchas mentalidades y actitudes y, por supuesto, gran determinación y valentía, visión y responsabilidad.

Nuestra Historia nos enseña que los grandes avances de España se han producido cuando hemos evolucionado y nos hemos adaptado a la realidad de cada tiempo; cuando hemos renunciado al conformismo o a la resignación y hemos sido capaces de levantar la vista y mirar más allá -y por encima- de nosotros mismos; cuando hemos sido capaces de compartir una visión renovada de nuestros intereses y objetivos comunes.

El bienestar de nuestros ciudadanos -hombres y mujeres-, Señorías, nos exige situar a España en el siglo XXI, en el nuevo mundo que emerge aceleradamente; en el siglo del conocimiento, la cultura y la educación.

Tenemos ante nosotros el gran desafío de impulsar las nuevas tecnologías, la ciencia y la investigación, que son hoy las verdaderas energías creadoras de riqueza; el desafío de promover y fomentar la innovación, la capacidad creativa y la iniciativa emprendedora como actitudes necesarias para el desarrollo y el crecimiento.

Todo ello es, a mi juicio, imprescindible para asegurar el progreso y la modernización de España y nos ayudará, sin duda, a ganar la batalla por la creación de empleo, que constituye hoy la principal preocupación de los españoles.

El siglo XXI, el siglo también del medio ambiente, deberá ser aquel en el que los valores humanísticos y éticos que necesitamos recuperar y mantener, contribuyan a eliminar las discriminaciones, afiancen el papel de la mujer y promuevan aún más la paz y la cooperación internacional.

Señorías, me gustaría referirme ahora a ese ámbito de las relaciones internacionales, en el que España ocupa una posición privilegiada por su lugar en la geografía y en la historia del mundo.

De la misma manera que Europa fue una aspiración de España en el pasado, hoy España es Europa y nuestro deber es ayudar a construir una Europa fuerte, unida y solidaria, que preserve la cohesión social, afirme su posición en el mundo y consolide su liderazgo en los valores democráticos que compartimos. Nos interesa, porque también nos fortalecerá hacia dentro. Europa no es un proyecto de política exterior, es uno de los principales proyectos para el Reino de España, para el Estado y para la sociedad.

Con los países iberoamericanos nos unen la historia y lazos muy intensos de afecto y hermandad. En las últimas décadas, también nos unen intereses económicos crecientes y visiones cada vez más cercanas sobre lo global. Pero, sobre todo, nos une nuestra lengua y nuestra cultura compartidas. Un activo de un inmenso valor que debemos potenciar con determinación y generosidad.

Y finalmente, nuestros vínculos antiguos de cultura y de sensibilidad próximos con el Mediterráneo, Oriente Medio y los países árabes, nos ofrecen una capacidad de interlocución privilegiada, basada en el respeto y la voluntad de cooperar en tantos ámbitos de interés mutuo e internacional, en una zona de tanta relevancia estratégica, política y económica.

En un mundo cada vez más globalizado, en el que están emergiendo nuevos actores relevantes, junto a nuevos riesgos y retos, sólo cabe asumir una presencia cada vez más potente y activa en la defensa de los derechos de nuestros ciudadanos y en la promoción de nuestros intereses, con la voluntad de participar e influir más en los grandes asuntos de la agenda global y sobre todo en el marco de las NN.UU.

Señoras y Señores Diputados y Senadores,

Con mis palabras de hoy, he querido cumplir con el deber que siento de transmitir a sus señorías y al pueblo español, sincera y honestamente, mis sentimientos, convicciones y compromisos sobre la España con la que me identifico, la que quiero y a la que aspiro; y también sobre la Monarquía Parlamentaria en la que creo: como dije antes y quiero repetir ahora, una monarquía renovada para un tiempo nuevo.

Y al terminar mi mensaje quiero agradecer a los españoles el apoyo y el cariño que en tantas ocasiones he recibido. Mi esperanza en nuestro futuro se basa en mi fe en la sociedad española; una sociedad madura y vital, responsable y solidaria, que está demostrando una gran entereza y un espíritu de superación que merecen el mayor reconocimiento.

Señorías, tenemos un gran País; Somos una gran Nación, creamos y confiemos en ella.

Decía Cervantes en boca de Don Quijote: "no es un hombre más que otro si no hace más que otro".

Yo me siento orgulloso de los españoles y nada me honraría más que, con mi trabajo y esfuerzo de cada día, los españoles pudieran sentirse orgullosos de su nuevo Rey.

Muchas gracias. Moltes gràcies. Eskerrik asko. Moitas grazas».

miércoles, 18 de junio de 2014

Juan Carlos I, 39 años al servicio de España

Juan Carlos I, 39 años al servicio de España

ABC

Con la firma de la ley de Abdicación, Don Juan Carlos pondrá punto final a casi cuatro décadas de servicio a España, «el periodo de mayor prosperidad en paz, libertad y democracia de nuestra historia moderna» en el que «ha querido ser y ha sido el Rey de todos los españoles», según destaca hoy en La Tercera de ABC el presidente de la Fundación Transforma y exministro de Defensa Eduardo Serra.

Han pasado 16 días desde que el Rey anunciara su decisión de ceder el testigo al Príncipe de Asturias y desde esta noche Felipe VI, una quincena marcada por los preparativos para este cambio de trono histórico y plagada de emociones, como el mismo Don Juan Carlos confesaba a un grupo de empresarios jubilados en el 25 aniversario de la asociación Sénior Españoles para la Cooperación Técnica (SECOT).

«Quiero lo mejor para España, a la que he dedicado mi vida entera», decía el pasado 2 de junio en aquel discurso histórico en el que el Rey explicaba las razones que le llevaban a dejar paso a «una nueva generación (que) reclama con justa causa el papel protagonista, el mismo que correspondió en una coyuntura crucial de nuestra historia a la generación a la que yo pertenezco».

En su mirada atrás, Don Juan Carlos decía sentir «orgullo por lo mucho y bueno que entre todos hemos conseguido en estos años» y «gratitud por el apoyo que me habéis dado para hacer de mi reinado, iniciado en plena juventud y en momentos de grandes incertidumbres y dificultades, un largo período de paz, libertad, estabilidad y progreso».

Cuando a los 37 años fue proclamado Rey el 22 de noviembre de 1975, Juan Carlos I tuvo que ganarse la confianza de quienes recelaban de él por haber recibido el poder de manos de Franco y demostrar a los españoles y al resto del mundo que apostaba decididamente por transformar el régimen autoritario heredado en uno democrático. Aquellos que le tildaron de «el Breve» acabarían por convertirse en «juancarlistas» por su papel crucial en la Transición.

El 18 de noviembre de 1976, apenas un año después de su proclamación, las Cortes aprobaban la Ley de Reforma Política y el 15 de junio de 1977 los españoles eran convocados por primera vez en 41 años a unas elecciones democráticas. Adolfo Suárez, el hombre que compartía el proyecto del Rey, ganó los comicios con la Unión de Centro Democrático al obtener 166 diputados. El PSOE, con 118, quedó en segundo lugar, mientras que el Partido Comunista, legalizado dos meses antes, sólo obtuvo 19. «La democracia ha comenzado. Ahora hemos de tratar de consolidarla», afirmó Don Juan Carlos el 22 de julio en la apertura de la legislatura.

El 6 de diciembre de 1978 era aprobada por abrumadora mayoría en referéndum la Constitución consensuada por todos los partidos políticos, desde Alianza Popular al Partido Comunista, que reservaba al Rey el papel de símbolo de la unidad de España, árbitro y moderador del funcionamiento de las instituciones, representante del Estado en las relaciones internacionales y jefe supremo de las Fuerzas Armadas. Juan Carlos I sancionaría la Carta Magna el 29 de diciembre de 1978. La monarquía parlamentaria era ya un hecho.

Si su figura había sido clave para mantener la estabilidad en esos años de crisis económica, marcados por la radicalización de los nacionalismos, los atentados de ETA y el Grapo y el malestar de los más reaccionarios en las Fuerzas Armadas, el decisivo papel del Rey en el intento de golpe de Estado el 23 de febrero de 1981 dejó patente que la Corona, «símbolo de la permanencia y unidad de la Patria», no toleraría «acciones o actitudes de personas» que pretendieran «interrumpir por la fuerza el proceso democrático que la Constitución votada por el pueblo español determinó en su día a través de referéndum». Su mensaje aquella madrugada del 24 de febrero, vestido con uniforme de capitán general del Ejército, quedaría grabado para siempre en la memoria de los españoles.

El prestigio del Rey y sus relaciones internacionales también fueron clave en la incorporación de España a la Unión Europea, que entró en vigor el 1 de enero de 1986. Ese mismo mes, su hijo Felipe juraba la Constitución ante las Cortes al cumplir la mayoría de edad en una ceremonia que fue un símbolo de la normalidad institucional que había recuperado España.

La muerte de su padre, Don Juan, el 1 de abril de 1993, mostró el rostro más humano del Rey, que lloró en público en los funerales. Los españoles vieron en él a un Monarca cercano y sensible, como también se mostró tras los terribles atentados del 11 de marzo de 2004, visitando a los heridos en los hospitales como la Reina, el Príncipe de Asturias y su aún prometida Doña Letizia. El Rey dirigió entonces su segundo mensaje extraordinario a la Nación (el primero fue tras el 23-F) enviando «un abrazo cargado de consuelo y tristeza» a las familias de las víctimas» y afirmando con contundencia que «el terrorismo nunca conseguirá sus objetivos».

A este Monarca forjado en la adversidad aún le quedaba por afrontar el escándalo más grave de su reinado, que llegaría con la imputación de Iñaki Urdangarín, marido de la Infanta Doña Cristina, por el caso Nóos. El Rey apartó a los Duques de Palma de la actividad institucional y en su mensaje de Navidad el 24 de diciembre de 2011 subrayó que «la Justicia es igual para todos». «Cualquier actuación censurable deberá ser juzgada y sancionada con arreglo a la ley», afirmó Don Juan Carlos.

Un año después el propio Rey se disculpaba públicamente en un gesto sin precedentes. «Lo siento mucho. Me he equivocado. No volverá a ocurrir», dijo el 18 de abril de 2012 ante las críticas por haber aceptado en plena crisis económica la invitación para un viaje privado en Botsuana en el que se fracturó la cadera y tuvo que ser trasladado de urgencia a Madrid para ser operado. En su mensaje de Navidad de 2013 Don Juan Carlos reiteraba su compromiso asumiendo «las exigencias de ejemplaridad y transparencia», que reclamaba la sociedad española.

«Mi posición me ha permitido vivir las múltiples vicisitudes por las que ha atravesado España, a la que he dedicado mi vida. He visto momentos malos y buenos y siempre hemos sabido los españoles salir juntos de los malos y construir juntos los buenos», señaló en aquel mensaje el Rey en el que ya dejaba entrever los pensamientos que le rondaban al reconocer la «crucial tarea de modernización y regeneración» del país.

Un mes más tarde, tras verse fatigado durante la Pascua Militar tras su última operación, el Rey decidió abdicar y dar el relevo a «una generación más joven, con nuevas energías, decidida a emprender las transformaciones y reformas que la coyuntura actual está demandando y a afrontar con renovada intensidad y dedicación los desafíos del mañana». Con la firma hoy de su última ley, la de su abdicación, termina un reinado que para muchos sitúa a Juan Carlos I entre los mejores Reyes de España.

lunes, 16 de junio de 2014

La Casa del Rey difunde dos nuevas fotografías de Don Felipe con las Infantas

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La Casa del Rey ha difundido este lunes dos nuevas fotografías pertenecientes a la colección que Cristina García Rodero realizó en la residencia de los Príncipes de Asturias el pasado día 1 de agosto de 2012, con motivo del cuarenta aniversario de Doña Letizia.

En las dos fotografías, el futuro Rey de España aparece sonriente junto a las Infantas Doña Leonor y Doña Sofía en el jardín de su casa y en el interior de la residencia. A tres días de su proclamación, Don Felipe prepara el discurso más importante de su vida: el que pronunciará el jueves en el Congreso de los Diputados. Se espera que el nuevo Rey avance las líneas de maestras de su etapa al frente de la jefatura del Estado.

Su Alteza celebrará su último acto oficial como Príncipe de Asturias este miércoles, pocas horas antes de que su padre, el Rey Juan Carlos, sancione la ley orgánica que hará efectiva su abdicación en una solemne ceremonia que tendrá lugar en el Palacio Real. Acudirán 150 invitados institucionales, encabezados por las máximas autoridades del Estado.

En esta ceremonia de sanción y promulgación de la ley de abdicación, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, refrendará la norma, una vez que el jefe del Estado haya estampado su firma.

La Reina Doña Sofía, un estilo propio de servir a España

ABC

Doña Sofía reina en España y en las encuestas. Tanto en las internas
como en las que no encarga La Zarzuela. Destaca como el miembro de la
Familia Real más valorado. A los españoles les da igual si apoya en
público a la Infanta Cristina (cosa que ha hecho desde las fotografías
de diciembre de 2011 en Washington que «¡Hola!» publicó). Es posible
que sea precisamente el conocido sufrimiento como madre o esposa,
además de su impecable trabajo como Reina durante 39 años y su sentido
del deber, lo que la haya acercado todavía más a los ciudadanos.
También la acercan sus actividades humanitarias. El miércoles, durante
la reunión del patronato de la Fundación Mujeres por África, de la que
es presidenta de honor, María Teresa Fernández de la Vega, Emilio
Botín, Borja Prado y Antonio Huertas, presidente de Mapfre, elogiaron
su compromiso con los más desfavorecidos. Por supuesto, hubo aplauso
«premium» para Doña Sofía.

Otras de sus presidencias de honor son las de la Fundación de Ayuda
contra la Drogadicción y del Real Patronato sobre Discapacidad. Y es
presidenta ejecutiva de la Fundación Reina Sofía, igualmente dedicada
a los menos favorecidos. Lo increíble es que compatibilice el elitista
Club Bilderberg con ser fan del programa «Entre todos» de TVE.
Asimismo, participa en proyectos internacionales sobre desarrollo de
la mujer rural y los microcréditos. Fue en un viaje de cooperación a
Indonesia cuando, con lágrimas en los ojos, comunicó a la delegación
española la muerte de Erika Ortiz («una desgracia familiar»). Contó
que Doña Letizia le había pedido que continuara el viaje oficial, pero
ella consideró que debía volver a Madrid.

Música y Arqueología

La Reina de España nació Princesa en Atenas, el 2 de noviembre de
1938. Pasó parte de la niñez en Egipto y Sudáfrica durante la Segunda
Guerra Mundial, volvió a Grecia en 1946, estudió en el internado
alemán de Schloss Salem y, ya en la capital griega, se adentró en
disciplinas tan dispares como la Puericultura, la Música o la
Arqueología. Estuvo en los Juegos Olímpicos de Roma de 1960 como
reserva del equipo griego de vela (su hermano Constantino ganó el oro
en la clase Dragón).

Se casó con Don Juan Carlos el 14 de mayo de 1962 y él hizo las
maletas durante los tres meses que duró el viaje de novios. Han tenido
tres hijos, la Infanta Elena (20 de diciembre de 1963), la Infanta
Cristina (13 de junio de 1965) y el Príncipe Felipe (30 de enero de
1968). Los tres le han dado ocho nietos.

Tras la muerte de Franco, Don Juan Carlos se convirtió en Rey, y Doña
Sofía en Reina consorte. El acto de Proclamación tuvo lugar el 22 de
noviembre de 1975. Por entonces, y desde 1973, Doña Sofía iba los
sábados por la mañana a clases de Humanidades en la Universidad
Autónoma de Madrid («porque estábamos todo el día sin hacer nada en La
Zarzuela»). El sábado siguiente al 22 de noviembre, una de las
compañeras la estaba esperando con un ramo de flores que la
sorprendió. «Seguí yendo de forma habitual. Si no se reanuda la vida
inmediatamente igual que antes, luego es muy difícil hacerlo». Pero ya
nada sería igual. Los Reyes, sobre todo el Rey, acababan con las manos
en carne viva tras dárselas a todo el mundo durante sus primeros
viajes por España.

Por España ha ido hasta a los toros. El 21 de mayo de 1973 asiste
desde la barrera a la undécima corrida de la Feria de San Isidro,
donde El Viti le brindó un toro. También ha estado en la Maestranza
sevillana. Otra cosa es que le gustara. Y ha ido a cacerías. Pero sin
escopeta. En un puesto de perdices, y mientras el cazador que tenía al
lado abatía piezas, ella exclamaba: «¡Qué horror! ¡Qué horror!». Un
«qué horror» por cada pájaro que caía. A saber qué pensaba cuando
estoquearon a los toros delante de ella.

Frente a las urnas

La Reina es más de dejarse besar por un burro. La foto es de las más
conocidas. Pasó en Rute (Córdoba) con «Mandela», un borrico adicto a
los bombones. Hay cosas que Doña Sofía ha hecho poco. Ir a los toros,
a cacerías o votar. Los Reyes solo lo han hecho cuatro veces: en el
referéndum de la reforma política en 1976, en el de la Constitución en
1978, en el de la permanencia en la OTAN de 1986 y en el de la
Constitución Europea de 2004 (el Rey se olvidó de enseñar el DNI y la
Reina se dejó la papeleta en La Zarzuela).

Puede ser vegetariana, pero eso no quiere decir que no coma ningún
bicho. Además, el espíritu de servicio (y de sacrificio) le impide ser
escrupulosa: «No me da asco nada y tampoco podría rechazar lo que me
ofrecen porque podría interpretarse como una ofensa», contaba a ABC
con motivo de su 70 cumpleaños. Pero a veces le gusta lo que le
ofrecen. Recordaba hace unos días el cocinero Raimundo González Frutos
que, en un banquete que dio en Huéscar (Granada), en el aperitivo de
pie sirvieron caballitos (gambas en gabardina). Doña Sofía dijo al
camarero que había tomado un pincho como un buñuelo y que quería más.
«Le servimos media docena y, al final, la Reina, que se arreglaba
siempre con verdura y alguna cosucha más, ¡acabó comiéndose tres
medias docenas de caballitos! Aquel día me demostró que de
vegetariana, nada», decía Raimundo a «La Verdad». También le encantan
las frambuesas. Y ha fumado toda la vida.

Doña Letizia pregunta mucho cuando va a un acto. El lugar común dice
que es su espíritu periodístico. Pero lo cierto es que la Reina
pregunta tanto como la Princesa. Su inquietud es manifiesta por todo
lo que la rodea, ya sean células madre o un coro de niños. Doña Sofía
ha sido algo así como la embajadora cultural de la Corona. No solo por
su gusto por la música, sino porque ha inaugurado la mayoría de
auditorios construidos en España. Pero como la Familia Real no va solo
a lo que le gusta, también ha estado cerca del deporte. Y, alterándose
menos que su peinado, cerca de Puyol envuelto en una toalla tras las
semifinales en Sudáfrica. En Brasil parece que se lo va a evitar. A
Puyol porque no está. A los otros, porque tampoco estarán. Y ya no
tendrá esas obligaciones.

El Rey invita a los ponentes de la Constitución al acto por el que abdicará en el Palacio Real

Los ponentes de la Constitución de 1978 que siguen con vida han sido
invitados al acto de abdicación de Juan Carlos I que se celebrará en
el Palacio Real el próximo miércoles. Entre las 160 personas que
asistirán a este evento también estarán los miembros del Gobierno y de
las altas instituciones del Estado, los españoles miembros de la Orden
del Toisón de Oro, y los ex presidentes del Gobierno.

En el mismo, el Rey no hará un discurso de sanción de la ley orgánica,
sino que será un miembro del Ejecutivo quien dé lectura a dicha ley
antes de que el Rey la sancione. Desde Zarzuela aseguran, no obstante,
que habrá "algún gesto" de Don Juan Carlos a su hijo.

Casa Real ha dado hoy más detalles sobre los actos previstos los
próximos miércoles y jueves con motivo de la abdicación del Rey, que
pretenderán ser cortos, solemnes y "dotados de dignidad". Al
prepararlos, los responsables de la organización han querido resaltar
la idea de "cercanía a los ciudadanos".

Varios miembros de la familia de la futura Reina Letizia irán al acto
de proclamación que se celebrará el día 19 en el Congreso de los
Diputados, aunque todavía no se ha concretado quiénes asistirán ni
dónde se situarán.

Tras la proclamación, Felipe VI y la Reina irán al Palacio Real dando
un paseo de unos 40 minutos a bordo de un Rolls Royce cubierto
propiedad de la Casa Real. Allí los estará esperando el Rey Don Juan
Carlos, que tiene previsto llegar a mediodía.

En el Palacio Real se celebrará la recepción de los nuevos reyes, que
saludarán personalmente a cada uno de los 2.000 invitados que se
esperan en el acto.

Más de un millar de periodistas de 24 países y 140 medios han sido
acreditados para informar sobre la proclamación de Felipe VI.

viernes, 6 de junio de 2014

Don Felipe será proclamado Rey el jueves 19 de junio

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ABC

La proclamación de Felipe VI se celebrará el día 19 de junio, jueves, según ha podido saber ABC de fuentes de Zarzuela. Este día es el primer festivo en la Comunidad de Madrid y en otras autonomías españolas, a partir de que el Parlamento termine la tramitación de la ley orgánica de abdicación de Don Juan Carlos. Al tratarse de una jornada festiva en varias Comunidades, un mayor número de personas podrán seguir el acontecimiento histórico que supondrá la proclamación del nuevo Rey.

Don Juan Carlos y Doña Sofía no van a utilizar ninguno de los títulos de la Corona una vez se haga efectiva la abdicación del Rey, según han informado fuentes del Palacio de La Zarzuela en una reunión informativa celebrada en la mañana de este jueves. «El Rey no quiere utilizar ningún título», explicaron. De esta forma, se descarta que Don Juan Carlos use el título de Conde de Barcelona, que utilizó su padre, o cualquier otro de los muchos que pertenecen a la Corona. Aunque habrá que esperar a que se publique el decreto que establezca el título, el tratamiento y los honores que corresponderán a Don Juan Carlos y Doña Sofía, todo parece indicar que seguirán siendo Reyes.

Las fuentes de la Casa del Rey agregaron que Don Juan Carlos y Doña Sofía realizarán las funciones que les asignará Don Felipe de conformidad con el Gobierno. En este sentido, es posible que se aproveche en esta nueva etapa la enorme experiencia y el prestigio de Don Juan Carlos en el exterior.

Las mismas fuentes agregaron que en el momento que Don Felipe se convierta en Rey también se convertirá de forma automática en capitán general de los Ejércitos. La Constitución atribuye al Rey el mando supremo de las Fuerzas Armadas.

El portavoz de Zarzuela añadió que no está previsto que se celebre ninguna misa con motivo de la proclamación de Don Felipe, a diferencia de lo que ocurrió en 1975 cuando se proclamó a Don Juan Carlos, y que no se ha invitado a mandatarios extranjeros a la ceremonia, que todavía no se sabe cuándo se va a celebrar. Ese día Don Felipe pronunciará su primer discurso como Rey y marcará sus líneas prioritarias.

Zarzuela también confirmó que los nuevos Reyes, Don Felipe y Doña Letizia, viajarán el 4 de agosto a Bélgica a los actos conmemorativos del centenario del inicio de la Primera Guerra Mundial. El portavoz agregó que el Reinado de Don Felipe no debe calificarse como una nueva etapa. «Lo que sí fue una nueva etapa fue la proclamación de Don Juan Carlos, pues se pasó de una dictadura de cuarenta años a la democracia. Pero el Reinado de Don Felipe será de continuidad, aunque tenga el estilo personal del nuevo Rey».

miércoles, 4 de junio de 2014

Apertura solemne del Parlamento británico

Isabel II expone en el Parlamento las prioridades del Gobierno de Cameron

El Mundo

El discurso de la Reina, con el que tradicionalmente se inaugura el año parlamentario en Gran Bretaña, ha tenido hoy una relevancia especial. A sus 88 años, y al cabo de 63 discursos consecutivos, Isabel II se acerca al récord de su tatarabuela Victoria, que permaneció 63 años y siete meses en la Corona.

Como reafirmando su voluntad de seguir en el trono mientras el cuerpo aguante, Isabel II acaparó esta vez todo el protagonismo (en contraste con el primer plano compartido con el Príncipe Carlos el año pasado) y confirmó su presencia en Francia junto a Felipe de Edimburgo en el 70º aniversario del desembarco de Normandía, en el que probablemente sea su último viaje oficial al extranjero.

Con el máximo boato oficial, recorriendo en carroza el trayecto entre el Palacio de Buckingham y el Parlamento de Westminster, la Reina fue aclamada por miles de turistas y británicos pertrechados con la Union Jack y en señal de apoyo a la monarquía. "¡Que Dios salve a nuestra Reina hasta llegar a los cien años!", proclamó a su paso Jeremy Clapham, vecino de York, que hizo un alto en su itinerario para arropar con su familia a Isabel II.

El primer ministro David Cameron le reiteró su deseo de "un feliz y largo reinado". Como manda el protocolo, Isabel II leyó el discurso escrito por el propio Cameron y por el viceprimer ministro Nick Clegg, que prometieron hacer causa común en el último año de coalición entre conservadores y liberal-demócratas.

La Reina anunció "nuevos poderes económicos para el Parlamento escocés", con los que el Gobierno de David Cameron aspira a "respaldar la idea de la permanencia de Escocia en el Reino Unido". Hasta esta misma semana, los conservadores se habían mostrado reacios a prometer más autonomía para Escocia. Ahora ofrecen abiertamente esa posibilidad a los votantes escoceses, a cambio del "no" en el referéndum de independencia del 18 de septiembre.

En la lista de "deberes" parlamentarios anunciado por la Reina figura también el impulso de una nueva ley anticorrupción que permitirá impugnar a los diputados que sean sancionados por la Cámaras de los Comunes por "graves irregularidades". Los votantes de un distrito electoral podrán reclamar nuevas elecciones si logran el apoyo del 10% del censo para cubrir las vacantes.

La Reina anunció también una reforma a fondo de los planes de pensiones, ayudas a las familias para la educación y mayor facilidades a los gobiernos locales para impulsar proyectos de energías renovables. Isabel II, que se codeará en Normandía con Vladimir Putin, aseguró de paso que el Gobierno británico trabajará por "unas relaciones estables entre Rusia y Ucrania, basadas en el respeto de la soberanía nacional, la intregridad territorial y la ley internacional".


State Opening of Parliament

Don Felipe dedicará su «empeño» a servir a España como nación unida y diversa

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ABC

El Príncipe ha mostrado su «empeño y convicción de dedicar todas mis fuerzas, con esperanza y con ilusión a la apasionante tardea de seguir sirviendo a los españoles, a nuestra querida España». Estas han sido sus primeras palabras en público tras conocerse la decisión de Don Juan Carlos de abdicar.

Don Felipe y Doña Letizia han acudido al monasterio de Leyre, en Navarra, para entregar el premio Príncipe de Viana, como realizan cada año. A pesar de que el acto llevaba programado varias semanas, el Príncipe ha iniciado su alocución haciendo referencia a su próxima regencia «respetando el procedimiento parlamentario iniciado». En ella ha reiterado su intención de trabajar por el bien de España, «una nación, una comunidad social y política unida y diversa que hunde sus raíces en una historia milenaria».

Estas palabras han sido la única variación surgida a raíz del anuncio de la abdicación de Don Juan Carlos, lo que muestra la normalidad con que se está desarrollando el cambio de la jefatura de la monarquía, tal y como ayer destacó Su Majestad la Reina Sofía. De hecho, el propio Don Felipe ha destacado esta normalidad al afirmar que «las circunstancias llevan a que mis primeras palabras después del anuncio de Su Majestad tengan lugar en esta querida tierra navarra, uno de los solares originario de nuestra Patria española».

Crisis económica

Don Felipe no ha querido dejar pasar la ocasión para referirse a la crisis económica y lanzar un mensaje de esperanza. Ha hecho un llamamiento a responsables institucionales, a agentes sociales y económicos, entidades y ciudadanos a «afrontar con decisión el futuro y ampliar el campo de esperanza que se abre ante nosotros». Y ha añadido que «la experiencia de tiempos pasados plasmada en la historia nos enseña que sólo uniendo nuestros afanes, anteponiendo el bien común a los intereses particulares, e impulsando la iniciativa, la investigación y la creatividad de cada persona, lograremos avanzar hacia escenarios mejores».

En su discurso, Don Felipe ha mostrado también su compromiso con la Comunidad foral y con su futuro y ha asegurado que «en ese futuro también tendrá su lugar la próxima Princesa de Viana», en alusión a la infanta Leonor, quien, una vez que su padre asuma la monarquía, ésta pasará a tener el título de Princesa de Viana, que distinguía a los herederos de la corona del antiguo Reino de Navarra.

El premio Príncipe de Viana ha recaído este año en el padre capuchino Jesús Morrás, más conocido como Tarsicio de Azcona, un historiador y profesor que ha estudiado especialmente a lo largo de sus 90 años de vida, la historia de Navarra, pero también la historia de la monarquía española.

Lealdad institucional de Navarra

En el acto, la presidenta del Gobierno de Navarra, Yolanda Barcina, también se ha referido al proceso que se inició el lunes con el anuncio de la abdicación del Rey. Según Barcina, «el pueblo de Navarra va a ser testigo con total serenidad de esta histórica sucesión en la Jefatura del Estado» y ha asegurado que «la Comunidad foral de Navarra aportará su personalidad política, su carácter dinámico, su lealtad institucional y el esfuerzo de todos sus ciudadanos al servicio del progreso y el bienestar de nuestra tierra, y junto a ella del resto de España.

Y como muestra de lo bien recibida que ha sido la próxima condición de Don Felipe como Rey de España, los actuales Príncipes de Asturias y de Viana, han tenido que levantarse como muestra del agradecimiento por la ovación con la que todos los asistentes puestos en pie han recibido sus palabras.

Largos aplausos y vivas con el público de pie en el primer acto del Rey


Largos aplausos y vivas con el público de pie en el primer acto del Rey

ABC

El Rey ha sido recibido en la mañana de este miércoles con un largo aplauso, de un minuto de duración, en su primer acto público desde que anunció el pasado lunes su deseo de abdicar. Y después, al finalizar, ha sido despedido con otro aplauso aún más largo, de minuto y medio, con el público de pie y con un «Viva el. Rey». Este primer acto ha sido la entrega del premio Reino de España, concedido por el Círculo de Empresarios, el Círculo de Economía y el Círculo de Empresarios Vascos, al empresario Enrique Sendagosta Aramburu, que se ha celebrado en el Palacio de El Pardo. El galardonado, que en julio cumplirá 90 años, fundó en 1956 la empresa Sener, que es la primera compañía vasca de ingeniería dedicada a la investigación y el desarrollo.

Don Juan Carlos pronunció en este acto sus primeras palabras en público tras anunciar su próxima retirada, pero no hizo referencia a ella. Antes de leer su discurso, agradeció «de corazón» el recibimiento que le habían hecho y «vuestras muestras de afecto». Y después del aplauso final, volvió a agradecer el cariño: «Seguid adelante. Os lo digo de corazón», pidió.

En su discurso había destacado que «el mayor servicio que los empresarios realizan» a favor de la sociedad, «asumiendo riesgos y dificultades, se concreta en la generación de puestos de trabajo y en la creación de riqueza». «Durante mi reinado -dijo- he puesto todo mi empeño en apoyar el mayor progreso económico de nuestro país, impulsando la cultura empresarial con la vista puesta en el bien común y el interés general. Por eso, hoy hago votos por que este premio se consolide en sus sucesivas ediciones».

El presidente del jurado del premio, Marcelino Oreja, aprovechó su intervención para transmitir al Rey la «gratitud de todos los españoles» por los logros conseguidos tanto dentro como fuera de España. Y el galardonado, por su parte, manifestó su agradecimiento al Monarca, especialmente «por haberse puesto en cabeza del despliegue de nuestras fuerzas exportadoras» y animó a los demás empresarios a seguir el ejemplo del Rey y a ser, a la vez, «señores y servidores». Además, transmitió el «firme propósito» de los empresarios de «trabajar con el Príncipe de Asturias por el bienestar».

martes, 3 de junio de 2014

El Gobierno aprueba la ley de abdicación del rey Juan Carlos con un solo artículo

El Consejo de Ministros ha aprobado en su reunión extraordinaria de esta mañana un proyecto de ley orgánica para regular la  abdicación del rey Juan Carlos que cuenta con un artículo único y una disposición final única para hacer efectiva la renuncia a la Corona de España. La norma entrará en vigor en el mismo momento en que se publique en el BOE, han informado en fuentes del Ejecutivo.

En concreto, el proyecto aprobado incluye un artículo único que dice textualmente: "S. M. el Rey Juan Carlos I de Borbón abdica la Corona de España. La abdicación será efectiva en el momento de entrada en vigor de la presente ley orgánica".

La disposición final única indica que la entrada en vigor tendrá lugar en el momento de su publicación en el "Boletín Oficial del Estado. Además, el Gobierno ha aprobado en su reunión una declaración institucional de apoyo a la monarquía, de agradecimiento a la labor de Don Juan Carlos y en la que se subraya que la Constitución "asegura la normalidad en la sucesión a la Jefatura del Estado".

"Artículo único. Abdicación de S. M. el Rey Don Juan Carlos I de Borbón.

1.- S. M. el Rey Juan Carlos I de Borbón abdica la Corona de España.

2.- La abdicación será efectiva en el momento de entrada en vigor de la presente Ley Orgánica

Disposición final única. Entrada en vigor.

La presente Ley entrará en vigor en el momento de su publicación en el Boletín Oficial del Estado".

Declaración institucional

El Gobierno también ha aprobado una declaración institucional con motivo de la abdicación del Rey en la que reconoce que sin su "impulso y liderazgo" la transición a la democracia, "sencillamente, no habría sido posible". "Desde su proclamación como Rey, Don Juan Carlos quiso serlo, y lo ha sido, de todos los españoles", reza la declaración.

El Ejecutivo también expresa su convicción de que la formación, carácter, experiencia y vocación de servicio a España del futuro rey Felipe VI le permitirán desempeñar "adecuadamente" sus funciones y fortalecer la monarquía. Una monarquía, añade el texto, que la Constitución "proclama como garantía de la unidad, progreso, concordia y bienestar de los españoles".

La proclamación de Felipe VI, a partir del 18 junio

Por su parte, el presidente del Congreso, Jesús Posada, baraja que la proclamación del nuevo rey Felipe VI ante las Cortes Generales pueda celebrarse en el Palacio de la Carrera de San Jerónimo desde el 18 de junio, fecha en que ya estaría aprobada la ley orgánica.

En declaraciones en los pasillos de la Cámara baja, Posada ha explicado que sus planes son que la ley sobre la sucesión a la Corona que aprobó hoy el Consejo de Ministros pueda recibir el visto bueno del Congreso la próxima semana y que el Senado haga la propio a la siguiente.

El calendario definitivo para la tramitación de la ley será aprobado esta martes por la Junta de Portavoces del Congreso, una vez que la Mesa de la Cámara califique el proyecto de ley que el Gobierno va a enviar al Congreso.

Posada ha confirmado que la ley orgánica se tramitará por el trámite de urgencia y en lectura única, es decir, con un solo debate sobre el articulado en el Pleno del Congreso, que se celebraría la próxima semana. Eso sí, por un lado hay que votar el procedimiento y por otro el contenido del proyecto. Para ser aprobada en la Cámara Baja, la ley requerirá mayoría absoluta, lo que se traduce en un mínimo de 176 diputados, una cifra que se rebasará con creces pues se calcula que al menos 303 diputados de PP, PSOE, UPyD, CC, UPN y Foro van a respaldarlo el procedimiento.

Referencias del Consejo de Ministros

V.E.R.D.E.

Las fechas de los grandes acontecimientos históricos de  nuestras vidas se dividen en dos grandes grupos: aquellas que aunque hayan pasado muchos años nos acordamos siempre de dónde estábamos cuando nos enteramos, y con quién andábamos, y qué estábamos haciendo, y aquellas otras de las que apenas recordamos siquiera que hubiesen ocurrido. La de ayer es de las primeras. Todos recordaremos siempre qué estábamos haciendo ayer por la mañana a las 10 y media, y dónde andábamos, cuando nos enteramos que Su Majestad El Rey de España Don Juan Carlos I había abdicado.

¿Y saben lo primero que se me vino a la cabeza cuando me enteré? Pues otra abdicación, casi secreta, casi de clausura, de la que apenas se enteró nadie, formalizada en el Palacio de la Zarzuela, cuando Don Juan de Borbón, Conde de Barcelona, renunció a sus derechos históricos a la Corona como heredero de Don Alfonso XIII y depositó la legitimidad donde estaba la legalidad, en el pulso del Rey de todos los españoles que nos había traído la democracia y devuelto las libertades, en el encaje de bolillos de la Transición modelada y moderada por el supremo arbitraje de la Institución. En aquel acto, el Conde de Barcelona pronunció, dirigidas a su augusto hijo, las palabras que guiaron toda su vida: "¡Por España, siempre por España!".

Así ha sido ahora. Yo sé por qué abdicado Don Juan Carlos; por lo mismo que lo hizo Don Juan: por el bien de España. Por el futuro de la Corona. Como una apuesta firme a que nuevas personas reales lleven con pulso sereno los rumbos de la Institución. Estamos, además, en tiempos de renuncias hasta ahora increíbles, casi imposibles de plantear. ¿Hubiese alguien creído hace unos años que iba a presentar su dimisión el mismísimo Papa de Roma? Si el Papa renuncia por el bien de la Iglesia, ¿por qué no ha de hacerlo el Rey?

Pero que a Vuestra Majestad le quiten lo servido, Señor... Que le quiten a Vuestra Majestad los méritos de su limpísima y patriótica hoja de servicios a España, a los españoles, a la democracia, a las libertades. Todos nos acordaremos de cuándo nos enteramos ayer de la renuncia del Rey de la Transición, como recordamos perfectamente dónde supimos que la dictadura había muerto en la cama. De entonces acá, todos estos años de ventura en la democracia y en las libertades los debemos a la inmensa generosidad y capacidad de Don Juan Carlos. No se suele tener en consideración, pero hay que recordar que, tras el cambio de régimen, Don Juan Carlos recibió todos los poderes del Estado, absolutamente todos los poderes. Ni en el periodo más absolutista reunió más poder Fernando VII que Don Juan Carlos I tras aquel 20 de noviembre de 1975. Y uno a uno fue renunciando a todos, absolutamente a todos, y, paradójicamente, el Soberano devolvió la soberanía nacional al pueblo español, vamos, como el que se encuentra una cartera por la calle y la devuelve a su legítimo dueño, por muchos miles de euros que lleve dentro. El Rey de las Libertades, el Rey de la Concordia Nacional, el Rey de todos los españoles. Ya digo, Señor: que le quiten lo servido. Aunque me temo que hay tanto miserable y tanto desmemoriado desagradecido en estos Reinos de las Españas que se lo quitarán a Vuestra Majestad. Hasta le escatimarán la grandeza de este su último gesto, de seguir renunciando a todo, como renunció a su propia infancia, niño triste mandado por su padre junto a su peor enemigo para salvar así la Casa... Como renunció a aquellos poderes absolutos de 1975 y los depositó en las Cortes del Reino, en los gobiernos legítima y democráticamente elegido.
 
Es quizá demasiado pronto para los balances. Me quedo con la emoción del amor a España, del dolor por España del gran Rey que nos devolvió las libertades. Que os quiten lo servido, Señor... Gracias. Y con más fuerza que nunca, repito la perpetuación en Don Felipe VI del viejo grito de Estoril: V.E.R.D.E. 

La abdicación del Rey vista desde Londres

Isabel II no abdica

Borja Bergareche
ABC

El primer ministro británico, David Cameron, describió ayer a Juan Carlos de Borbón como «un gran amigo de Gran Bretaña», y destacó la gran aportación realizada durante su reinado «para ayudar a una exitosa transición a la democracia». Por su parte, el exprimer ministro laborista, Tony Blair, compartió con ABC, después de realizar un importante discurso ayer en Londres sobre Europa, que el Rey «me gustaba mucho». «Era muy popular entre los líderes extranjeros, por su gran simpatía», recuerda.

No hubo reacciones, sin embargo, desde la Casa Real británica, que ha visto cómo en un año han abdicado tres soberanos europeos. Ya cuando la Reina Juliana de Holanda abdicó en 1980 en su hija Beatriz trascendió el desagrado que tal decisión provocaba en la Reina de Inglaterra. En julio del año pasado, Alberto II de Bélgica cedió el trono a su hijo el Rey Felipe, mientras que en abril fue la Reina Beatriz la que, siguiendo la tradición holandesa, abdicó en su hijo Guillermo tras 33 años en el trono.

Semejante intervención en el discurrir dinástico de las monarquías trae ingratos recuerdos en los Windsor, y los analistas recordaban ayer que es muy poco probable que Isabel II, que ha cumplido en abril 88 años, siga esos mismos pasos. «Una abdicación llevó a su padre al trono, así que abdicar es una palabra bastante impopular en la Casa Real», explicaba ayer el historiador Hugo Vickers. En 1936, su tío Eduardo VIII se convirtió en el primer rey británico en abdicar de forma voluntaria para poder casarse con Wallis Simpson, una mujer estadounidense divorciada de la que estaba enamorado.

Una sucesión con roces entre madre e hijo

Así, cuando tenía diez años, la princesa Isabel se convirtió de forma inesperada en heredera al trono. Ahora, casi ocho décadas después, Isabel II va camino de convertirse en septiembre de 2015 en el soberano británico que más tiempo ha permanecido en el trono. Superará entonces a su tatarabuela, la Reina Victoria, que reinó durante 63 años y 217 días. Ya cuando cumplió los 21 años, la entonces joven princesa declaró que dedicaría al servicio de los británicos «toda mi vida, ya sea larga o corta».

Y hace dos años, durante su discurso solemne ante el parlamento por el jubileo de diamantes de su reinado, la soberana aprovechó para «rededicarse» al servicio del país para el resto de su vida. A sus 88 años, Isabel II ha comenzado a delegar viajes y actos de representación en su hijo mayor, el príncipe Carlos, que en noviembre cumplió 65 años. Según el historiador Vickers, una abdicación no es necesaria porque la reina trabaja con plenitud «con todos los cilindros».

Pero el heredero ya mostró su impaciencia hace dos años, cuando expresó: «Me estoy quedando sin tiempo». Y, en las últimas semanas, ha trascendido el supuesto roce entre los equipos del príncipe de Gales y Buckingham Palace a la hora de gestionar una discreta cesión de funciones al heredero, que se manifestará esta semana en su participación conjunta en algunos de los actos de recuerdo en Francia del Desembarco en Normandía. Al parecer, el príncipe Carlos ha rechazado acompañar a su madre en algunas de las conmemoraciones.

Profesionales de la comunicación

La monarquía británica ha sabido rodearse de un equipo de profesionales de la comunicación que han catapultado en los últimos tiempos la popularidad de la Familia Real. Las celebraciones del jubileo de diamantes por los 60 años de reinado de Isabel II en 2012 tuvieron como colofón un espectacular concierto de la banda Madness en el tejado del palacio de Buckingham. Un año antes, la boda entre el príncipe Guillermo y Kate Middleton marcó un pico de popularidad para los Windsor.

Los duques de Cambridge, además, consagraron la perpetuación de la dinastía con el nacimiento hace ahora casi un año del príncipe Jorge. Por el camino, el príncipe Carlos se ha congraciado con el público británico, que defiende mayoritariamente que sea él -y no Guillermo- quien suceda a su madre, y que ha aceptado su matrimonio con la duquesa de Cornualles. La situación actual contrasta con el serio bache atravesado por la monarquía británica en los 90.

El año 1992 marcó el annus horribilis para la familia, como reconoció la propia soberana, mientras que la frialdad inicial de la Reina en la muerte de Diana de Gales tuvo que ser enmendada por el primer ministro de entonces, Tony Blair, para evitar un distanciamiento irreparable entre Isabel II y la sociedad británica. Pero los Windsor son una dinastía acostumbrada al cambio y a adaptarse a los nuevos tiempos. Durante la I Guerra Mundial llegaron incluso a cambiar el nombre de la familia.

Los Saxe-Coburgo-Ghota, apellido original de la saga de Isabel II, abandonaron sus resonancias -y orígenes- germánicos en pleno esfuerzo de guerra aliado para sustituirlo por el muy británico Windsor. Con tres herederos bien situados en la parrilla de salida, la Reina de Inglaterra puede ya poco a poco centrarse en actividades más propias de la edad octogenaria que tiene, y reducir su nivel de trabajo. Su participación esta semana en los actos en Francia serán el único viaje al extranjero este año de Isabel II y su marido, el duque de Edimburgo, con excepción de la visita de naturaleza privada que realizaron a Roma en abril para encontrarse con el papa Francisco y el presidente de la república, Giorgio Napolitano.

lunes, 2 de junio de 2014

El calendario para la entronización del futuro Felipe VI, pendiente del Congreso

El Congreso está pendiente de la ley orgánica de la Corona que apruebe
este martes el Consejo de Ministros para diseñar un calendario de
tramitación y culminar el proceso de relevo en la Jefatura del Estado
con la entronización de Felipe de Borbón y Grecia, Príncipe de
Asturias.

El presidente del Congreso, Jesús Posada, ha garantizado que este
proceso se resolverá "adecuadamente y sin problema". El presidente del
Gobierno, Mariano Rajoy, ha anunciado la convocatoria de un Consejo de
Ministros extraordinario para aprobar este martes una ley orgánica que
regule el proceso de relevo, cumpliendo la previsión constitucional
recogida en el artículo 57.5 de la Carta Magna que, 35 años después,
seguía pendiente.

Dicho artículo de la Constitución establece que "las abdicaciones y
renuncias y cualquier duda de hecho o de derecho que ocurra en el
orden de sucesión de la Corona se resolverán en una ley orgánica".

Rajoy ha dicho confiar en que "en un plazo muy breve" las Cortes
puedan tramitar esa ley y proceder a la proclamación como Rey de
España de Felipe de Borbón. Poco antes de que el presidente del
Gobierno anunciara la abdicación del Rey, Posada recibió la llamada de
Don Juan Carlos comunicándole su decisión, como tercera autoridad del
Estado. El presidente del Congreso ha convocado al secretario general
del Congreso, Carlos Gutiérrez Vicén, como responsable de los
servicios de la Cámara, para analizar la situación, a la espera de que
llegue ese proyecto de ley. "Actuaremos adecuadamente y sin problema
-ha explicado Posada-. El proceso no es lo importante, se resolverá
adecuadamente".

Una vez aprobada por el Gobierno, la ley orgánica se remitirá al
Congreso para su tramitación parlamentaria. El procedimiento arranca
con la calificación del texto por la Mesa del Congreso, su publicación
en Boletín Oficial de las Cortes y la apertura de un plazo de
enmiendas para que los grupos fijen posición.

El trámite ordinario incluye después un debate de totalidad en el
Pleno del Congreso y, a partir de ahí, presentación de enmiendas
parciales, discusión en ponencia y en la Comisión Constitucional y
aprobación por el Pleno, con un apoyo mínimo de la mayoría absoluta,
al tratarse de una ley orgánica. Después el proceso se repite en el
Senado.

Ahora bien, todo este procedimiento durará lo que decida la mayoría
parlamentaria de la Cámara, que puede imponer un trámite de urgencia,
acortando todos los plazos a la mitad, e incluso resolver su
tramitación en lectura única (en una única sesión plenaria sin pasar
por comisión). De hecho, PSOE y PP ya reformaron la Constitución en
apenas dos semanas entre agosto y septiembre de 2011.

La nueva épica

Marius Carol

La Vanguardia

Toda renuncia resulta un gesto de magnanimidad y la abdicación de un
rey constituye, cuando es voluntaria, un acto de grandeza. El rey Juan
Carlos ha decidido pilotar su sucesión cuando todavía se siente con
fuerzas para ejercer su cargo. En este sentido, su decisión puede
considerarse un último acto de servicio al país. Y de responsabilidad.
El monarca ha querido pasar el testigo al Príncipe, a las puertas de
cumplirse los cuarenta años de reinado. Lo ha hecho en unos momentos
especialmente complicados de la historia de España, cuando ha empezado
tímidamente la recuperación económica, pero, en cambio, persiste una
aguda crisis social, de credibilidad de la política y del encaje
territorial. Don Juan Carlos es consciente de que el príncipe Felipe
encarna a una nueva generación, que ha crecido en un clima de
libertades y que está llamada a mejorar la calidad de nuestra
democracia. El Rey, con su abdicación, ha querido hacer un reset en la
institución para revitalizarla con su sacrificio personal. Sabe, mejor
que nadie, que el Príncipe está preparado para afrontar el reto,
aunque tendrá que hacer acopio de paciencia, tolerancia e
inteligencia.

Felipe de Borbón será el primer rey de España con titulación
universitaria y con un máster en su currículo. Una novedad positiva
desde el punto de vista histórico, pero insuficiente para entender
todo lo que está ocurriendo. Afortunadamente, es un hombre que sabe
escuchar y que está comprometido a actuar. dentro del margen que la
Constitución establece. El Príncipe es un hombre moderno, que cuando
hace diecinueve años, tras concluir sus estudios en la universidad de
Georgetown, los periodistas le preguntaron sobre cómo imaginaba su
reinado, explicó que sin la épica que había comportado la gestión del
cargo por parte de su padre, pues intuía que le correspondería ser el
rey que ejerciera su puesto desde la normalidad. Pero las
circunstancias no son las que se preveían entonces y el reto del
heredero es conseguir que los ciudadanos no sólo perciban la utilidad
de la Corona, sino que vean en él a una persona abierta, tolerante y
cercana a la gente. Los problemas que afronta el país en esta hora
requieren de una nueva épica, con un discurso moderno y unas formas
próximas. No son tiempos de frases retóricas, sino de compromisos
inteligibles.

Un republicano como Manuel Vázquez Montalbán escribió que don Juan
Carlos era un auténtico profesional de la realeza, que emitía todo un
sistema de señales, al que siempre había imaginado tomando apuntes
mentales sobre lo que no debe hacer y con un manual de formación
profesional bajo el brazo. El Rey ha conseguido crear un modelo de
monarquía sustancialmente distinta de la envarada Corona británica o
de las realezas ligths nórdicas. Y se ganó a muchos republicanos por
el camino, en un país en que prácticamente nadie se declara
monárquico. Algunos errores de los últimos tiempos, por los que llegó
a pedir perdón, no emborronan su hoja de servicios.

El Príncipe, en tanto que futuro Felipe VI, tiene una compleja
papeleta por delante. Pero, de entrada, es justo reconocer que no ha
cometido ningún error destacable en el tiempo de espera. La monarquía
que encarnará junto a doña Letizia será distinta a la que sirvió su
padre y la reina Sofía. Deberá imprimir a la institución un sello
propio, con una nueva épica, para que la institución se consolide.

Felipe VI tendrá que revitalizar la Monarquía

El Rey Juan Carlos conversando con el Príncipe de Asturias en el acto...

Lucía Méndez

El Mundo

El Heredero que reinará con el nombre de Felipe VI asume el reto de ser un Monarca del siglo XXI que revitalice la Corona, enfrentada a la crisis institucional más grave desde el acceso al trono de Don Juan Carlos. El Príncipe de Asturias tendrá que resolver la cruda situación que reflejan las encuestas, con la Monarquía en la valoración más baja y los partidos expresamente republicanos en pleno ascenso, y además en pleno desafío del proceso soberanista catalán. El presidente de la Generalitat, Artur Mas, ha proclamado esta mañana que la abdicación en nada altera sus planes. Don Felipe cuenta para ello con una preparación ejemplar y con un carácter flemático muy diferente al de su padre.

En el vuelo de vuelta de El Salvador -que duró toda la noche del domingo al lunes- mientras se dirigía a España, donde le esperaba la Corona, el Príncipe volvió a dar muestras de la flema y el temple que ya son leyenda en la Casa Real. En conversación con este diario, uno de sus colaboradores aseguró que la serenidad y estabilidad de Don Felipe pueden llegar a apabullar aún cuando los que le rodean sean un manojo de nervios. Todos mirándole en el avión para ver si se le notaba algo y nadie le notó nada.

Es evidente que el Príncipe lleva tiempo preparándose para este momento. Sobre todo desde que los sobresaltos de salud de su padre, el Rey, le obligaron a hacerse cargo de la agenda y casi del peso de la institución. Hace semanas que el Príncipe sabía que a finales de este mes de junio sería proclamado rey con el nombre de Felipe VI por las Cortes Generales. Será en torno al 24, día de San Juan, el santo de su padre y de su abuelo. También sabía que mañana martes, en un lugar tan simbólico como El Escorial, compartiría con el rey saliente su primer acto oficial vestido de uniforme militar en el 200º Aniversario de la orden de San Hermenegildo. No ha habido señales que lo predijeran. Si acaso, el acto de las Fuerzas Armadas en el que por primera vez hace unas semanas participaron junto a los Príncipes, sus hijas, las infantas Leonor y Sofía.

Todos cuantos han podido hablar con el Príncipe en los últimos años saben, porque se lo ha dicho él mismo, que Don Felipe será un Rey muy distinto a su padre. El Heredero se ha preparado para asumir el trono de una forma profesional en la España del siglo XXI, que es -repite siempre- muy distinta de la España del siglo XX. A sus 46 años, es un hombre muy distinto a Don Juan Carlos. Más bien se parece a su madre, la Reina. En la cena de gala celebrada con motivo de los 70 años del Rey, el Príncipe se permitió hablar en clave de la personalidad del Monarca y dirigiéndose personalmente a él. "Reconozcámoslo, siempre dentro de un orden, te gusta la improvisación propia de estas latitudes, la sorpresa y cambiar el paso de vez en cuando".

Don Felipe carece de la campechanía de su padre, no cuenta chistes verdes, no improvisa ni se suelta nunca la melena. Es atento, educado, agradable y trata a sus interlocutores con confianza, pero sin pasarse. El Príncipe será un rey profesional, como el más alto funcionario al servicio del país desde la Jefatura del Estado.

Además de su más que glosada preparación, Daniel Goleman le habría utilizado como ejemplo para su libro La inteligencia emocional. Flemático, imperturbable, responsable, sereno y paciente, su estabilidad personal y su equilibrio emocional le han sido de gran ayuda en los convulsos años vividos en La Zarzuela, tanto en el terreno institucional como en el familiar. Don Felipe se ha curtido en un entorno personal difícil. Su matrimonio con Doña Letizia le ha dado la familia y la estabilidad que llevaba tiempo buscando. La ausencia de regulación legal de su estatus de heredero no ha sido una dificultad menor. Él ha asumido el papel que su padre, el jefe de la Casa, quería para él en cada momento. Y lo ha hecho con la responsabilidad, disciplina y lealtad en las que fue educado.

Su proclamación como Rey es el primer paso para la renovación de la Monarquía, muy castigada por determinadas actuaciones del Rey y por el escándalo de corrupción que afecta a su cuñado, Iñaki Urdangarin. Él supo ver desde el principio que el caso Nóos podía afectar seriamente a la ejemplaridad de la institución. Y por ello -a pesar de que le ha sido doloroso ignorar a una hermana y a cuatro sobrinos- ha hecho todos los esfuerzos posibles por desvincularse públicamente de su cuñado. Lo mismo que su mujer, la Princesa de Asturias. Es evidente que él tendrá las manos libres para administrar los acontecimientos judiciales que se avecinan en este asunto. El Príncipe tiene claro que la Monarquía debe ser ejemplar y que si no lo es deja de servir a la sociedad a la que se debe. El futuro Felipe VI tiene sobre sus hombros la renovación de la Monarquía en un país azotado por todas las crisis posibles.

Un ministro del Gobierno decía hace meses que mientras la clase política, agarrotada y desprestigiada, carecía de alternativa, el Rey sí la tenía. El Príncipe parte de una buena valoración por parte de los ciudadanos y de la confianza que inspira en cualquier persona que haya hablado con él. Y han sido miles en los últimos años porque es una persona informada al detalle de la actualidad.

El mejor Rey de nuestra Historia

Victoria Prego

El Mundo

Se cierra con la renuncia del Rey un período decisivo de la Historia de España. Un período que ha incluido la hazaña histórica de hacer pasar el país de un régimen autoritario -otros lo calificarán de dictadura- a una democracia plena. Y ese dificilísimo tránsito se hizo pilotado por Don Juan Carlos desde antes incluso de que hubiera asumido la Jefatura del Estado.
Fue el Rey el primer y más decidido impulsor del cambio para nuestro país. Fue él quien logró no sin grandes dificultades tener a su lado a Torcuato Fernández Miranda, que habría de elaborar la Ley para la Reforma Política, el talismán que abrió las puertas cerradas del régimen al cambio radical que viviría España. Fue él quien no sin esfuerzo forzó la dimisión del presidente del Gobierno que Franco había dejado para que continuara en el cargo hasta diciembre de 1977. Y fue él también quien puso al frente de la presidencia del Gobierno a un hombre irrelevante en la escena política, Adolfo Suárez, pero en quien se apoyaría el Rey para darle la vuelta por completo al país en un tiempo récord de veinte meses. Fue él quien se jugó literalmente la Corona al ponerse en contacto con el secretario general de Partido Comunista para pedirle que le ayudara a conducir al país hacia la meta de la democracia no agitando en exceso las calles. Finalmente fue él quien no sólo aceptó de buen grado sino que colaboró a que, una vez celebradas las primeras elecciones libres en 40 años, las nuevas Cortes democráticas y constitucionales le privaran de los poderes absolutos que había heredado de Franco para que le fueran devueltos al pueblo.
Todo esa obra de inmensa magnitud la llevó a cabo Don Juan Carlos de Borbón quien, en el comienzo de su tarea, actuó en casi la más absoluta soledad, lo cual acrecienta el mérito enorme de su tarea. Después de que la Constitución entrara en vigor, el Rey se aplicó con eficacia y discreción a ejercer el papel moderador y de arbitraje que la Carta Magna le encomienda. Defendió la democracia oponiendo a su persona ante quienes pretendían subvertir el orden constitucional.
Ha respetado siempre la autonomía y el buen funcionamiento de las instituciones. Ha sido hasta hoy mismo el mejor embajador de España en el mundo y el mejor defensor de los intereses estratégicos de España y el más eficaz representante de nuestros intereses comerciales fuera de nuestras fronteras.
En los últimos tiempos una serie de errores, suyos algunos, otros de miembros de su familia, ha minado el prestigio de la Monarquía en España. Pero es incomparablemente mayor, la enorme dimensión de su servicio a España. Ha sido el mejor Rey de nuestra Historia y como tal entrará en ella.

Don Juan Carlos: «He querido ser el Rey de todos los españoles»



ABC

Con la voz temblorosa por la gran emoción que le embargaba, Su Majestad el Rey ha explicado a los españoles los motivos de su decisión de abdicar la Corona y ha manifestado su inmensa gratitud a todos los que le apoyado en su Reinado.

«En mi proclamación como Rey, hace ya cerca de cuatro décadas, asumí el firme compromiso de servir a los intereses generales de España, con el afán de que llegaran a ser los ciudadanos los protagonistas de su propio destino y nuestra Nación una democracia moderna, plenamente integrada en Europa», afirmó.

«Me propuse encabezar entonces la ilusionante tarea nacional que permitió a los ciudadanos elegir a sus legítimos representantes y llevar a cabo esa gran y positiva transformación de España que tanto necesitábamos. Hoy, cuando vuelvo atrás la mirada, no puedo sino sentir orgullo y gratitud hacia vosotros. Orgullo, por lo mucho y bueno que entre todos hemos conseguido en estos años. Y gratitud, por el apoyo que me habéis dado para hacer de mi reinado, iniciado en plena juventud y en momentos de grandes incertidumbres y dificultades, un largo período de paz, libertad, estabilidad y progreso».

Don Juan Carlos tuvo unas palabras para su padre, el Conde Barcelona, y para su hijo, el futuro Rey, así como para Doña Letizia. «Fiel al anhelo político de mi padre, el Conde de Barcelona, de quien heredé el legado histórico de la monarquía española, he querido ser Rey de todos los españoles. Me he sentido identificado y comprometido con vuestras aspiraciones, he gozado con vuestros éxitos y he sufrido cuando el dolor o la frustración os han embargado», afirmó.

También se refirió el Rey a la crisis económica: «La larga y profunda crisis económica que padecemos ha dejado serias cicatrices en el tejido social pero también nos está señalando un camino de futuro cargado de esperanza. Estos difíciles años nos han permitido hacer un balance autocrítico de nuestros errores y de nuestras limitaciones como sociedad. Y, como contrapeso, también han reavivado la conciencia orgullosa de lo que hemos sabido y sabemos hacer y de lo que hemos sido y somos: una gran nación. Todo ello ha despertado en nosotros un impulso de renovación, de superación, de corregir errores y abrir camino a un futuro decididamente mejor».

En estas circunstancias, anunció que una nueva generación reclama el protagonismo: «En la forja de ese futuro, una nueva generación reclama con justa causa el papel protagonista, el mismo que correspondió en una coyuntura crucial de nuestra historia a la generación a la que yo pertenezco. Hoy merece pasar a la primera línea una generación más joven, con nuevas energías, decidida a emprender con determinación las transformaciones y reformas que la coyuntura actual está demandando y a afrontar con renovada intensidad y dedicación los desafíos del mañana».

El Rey no ha dudado en expresar lo que ha supuesto para él estos años de reinado. «Mi única ambición ha sido y seguirá siendo siempre contribuir a lograr el bienestar y el progreso en libertad de todos los españoles. Quiero lo mejor para España, a la que he dedicado mi vida entera y a cuyo servicio he puesto todas mis capacidades, mi ilusión y mi trabajo», ha indicado.

El Príncipe «encarna la estabilidad»

Don Juan Carlos ha elogiado al Heredero, en quien deposita toda su confianza y de quien ha destacado que «encarna la estabilidad, que es seña de identidad de la institución monárquica». «Cuando el pasado enero cumplí setenta y seis años consideré llegado el momento de preparar en unos meses el relevo para dejar paso a quien se encuentra en inmejorables condiciones de asegurar esa estabilidad», ha insistido.

«El Príncipe de Asturias tiene la madurez, la preparación y el sentido de la responsabilidad necesarios para asumir con plenas garantías la Jefatura del Estado y abrir una nueva etapa de esperanza en la que se combinen la experiencia adquirida y el impulso de una nueva generación. Contará para ello, estoy seguro, con el apoyo que siempre tendrá de la Princesa Letizia».

Por último, el Monarca ha querido agradecer al pueblo español, «a todas las personas que han encarnado los poderes y las instituciones del Estado» durante su reinado y a cuantos le han «ayudado con generosidad y lealtad a cumplir» sus funciones. «Y mi gratitud a la Reina, cuya colaboración y generoso apoyo no me han faltado nunca. Guardo y guardaré siempre a España en lo más hondo de mi corazón», ha concluido.